Opinión: Dios hizo la hermandad entre personas y naciones. Desde hace más de una semana, el querido pueblo de Venezuela sufrió una tragedia humanitaria por dos terremotos de gran magnitud, con miles de víctimas y un drama que nos duele a todos y que desgarra nuestros corazones sin distinción alguna. En ese sentido, nuestro profundo respeto y cariño para los millones de venezolanos, dentro y fuera de su país, y tengan la certeza de que no están solos en este difícil momento.
Ante una situación dramática, comparable a un país en guerra, se hizo un llamado a la comunidad internacional para mandar equipos de rescate a Venezuela e intentar recuperar sobrevivientes y dar soporte a miles de heridos y damnificados. Nuestra Cruz Roja costarricense mandó un primer grupo de 16 rescatistas y luego, 48 representantes del Benemérito Cuerpo de Bomberos partieron en un segundo bloque. Todos ellos son unos valientes y con un corazón lleno de amor por el prójimo representan con orgullo a Costa Rica en la vitrina de la cooperación internacional. A pesar de las limitaciones presupuestales y logísticas que implican una misión de ese calibre, ambas instituciones respondieron con mística, profesionalismo y entrega.
Ya en el sitio de desastre, nuestros cruzrojistas fueron enviados a revisar edificios en ruinas que ya habían sido descartados por rescatistas de otros países. Se creía que no había vida, en medio de bloques de cemento y destrucción por doquier. Pero un humilde rescatista costarricense, Allan Madrigal – quien merece un reconocimiento en las letras patrias – no se rindió ante el trágico destino y gritó para ver si había vida y gracias a Dios una víctima venezolana respondió, aún con vida, a pesar de estar varios días bajo una mole de escombros.
De inmediato, el líder de los cruzrojistas costarricenses, don Warner Leiva tomó la batuta, con don de mando de un equipo interdisciplinario de socorristas que incluye los representantes de Venezuela, El Salvador, Estados Unidos, España, Chile, Portugal y otras nacionalidades quienes fueron artífices de un milagro. Todos son héroes sin capa. Durante 114 horas, todos como un solo equipo trabajaron a pico y pala para evitar un colapso mayor del lugar, asistieron a don Hernán Gil dándole agua por una manguera, realizando un rescate 8 días después del terremoto ¡toda una hazaña que merece aplausos de pie!
Gracias Cruz Roja Costarricense por una historia que inspira a una sociedad nacional que está precisando buenas noticias ¡Cuánto deseamos que muchos jóvenes y adultos estuvieran integrando el voluntariado de la Benemérita! Y en especial espero que los costarricenses y nuestras autoridades respaldemos económicamente la institución para seguir con su noble misión.
Opinión de Miguel Gutiérrez Pizarro

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