Israel | En la década de 1980, Israel enfrentó una profunda crisis económica marcada por una inflación cercana al 450% anual, un déficit fiscal promedio del 17% entre 1975 y 1985, fuga de capitales y riesgo de default.
Según Esteban Klor, profesor del Departamento de Economía de la Universidad Hebrea de Jerusalén, quien expuso en el 62° Coloquio de IDEA, la transformación del país no fue inicialmente un proyecto a largo plazo, sino una respuesta a una crisis que se había gestado desde finales de los años sesenta, agravada por tres guerras, una compleja situación geopolítica y una creciente inestabilidad económica.
En 1985, el país puso en marcha un programa de estabilización que combinó un fuerte ajuste fiscal con una política monetaria restrictiva. Este plan incluyó el fin de una economía fuertemente indexada, una devaluación inicial del 20%, el establecimiento de un ancla cambiaria y una significativa reducción del gasto público, que pasó del 76% a cerca del 60% del PBI. Además, se eliminó el financiamiento monetario del déficit, se aumentaron las tasas de interés y se restringió el crédito.

Como resultado de estas medidas, la inflación se redujo rápidamente, aunque se mantuvo en torno al 20% hasta principios de los años noventa. La implementación del programa tuvo un costo social importante, con una caída de los salarios reales cercana al 10%.
Klor enfatizó que el éxito del programa no se debió únicamente a las herramientas económicas. Un factor crucial fue el acuerdo político alcanzado en 1984, cuando se formó un gobierno de unidad nacional entre el principal partido de centroizquierda y el de centroderecha. A este acuerdo se sumaron sindicatos y el sector empresarial, quienes asumieron el costo electoral del ajuste.
Este consenso permitió establecer reglas fiscales claras y continuas, como límites al déficit y la independencia del Banco Central. Aunque la independencia formal del Banco Central se aprobó en 2010, la regla de no emitir dinero para financiar el déficit se respetó informalmente desde 1985. Klor destacó que estas reglas perduraron a través de sucesivos cambios de gobierno.

Con la estabilización económica, Israel abrió su economía al comercio internacional, implementó privatizaciones y modificó su régimen cambiario, eliminando los controles de precios tres años después del inicio del plan. La continuidad de estas políticas generó un cambio en la ciudadanía, que comenzó a exigir responsabilidad fiscal a los políticos, independientemente de su partido.
La segunda etapa de transformación comenzó en los años noventa, cuando Israel desarrolló el ecosistema que lo convirtió en una "High Tech Nation". Klor explicó que la estabilidad económica fue la plataforma que permitió este desarrollo. A esta base se sumaron universidades de alto nivel, científicos e ingenieros del sector de defensa, inversión en investigación y desarrollo, y la llegada de casi un millón de inmigrantes de la Unión Soviética a partir de 1990.

La previsibilidad económica también modificó el horizonte de las decisiones empresariales, permitiendo a las compañías planificar inversiones a largo plazo. Este ecosistema atrajo a empresas internacionales como Apple, Google y Nvidia, que establecieron centros de investigación en Israel. Las empresas locales se vieron obligadas a adaptarse, enfocándose en aumentar la productividad y competir en una economía globalizada.
Actualmente, el sector de alta tecnología emplea entre el 10% y el 15% de la población, genera aproximadamente el 50% de las exportaciones y representa alrededor del 30% del PBI de Israel. La pobreza ha disminuido significativamente en las últimas cuatro décadas y el desempleo se mantiene por debajo del 3%. La desigualdad, que creció hasta 2009, ha comenzado a descender en los últimos 15 años.
Klor comparó la evolución de Israel con la de Argentina, señalando que en 1960 ambos países tenían un PBI per cápita similar. Hoy, el PBI per cápita israelí supera los 55.000 dólares. El desafío actual para Israel es ampliar la participación en los sectores tecnológicos avanzados a través de la educación y el acceso a nuevas tecnologías.
Fuente: Infobae
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