Nicaragua | El obispo nicaragüense Silvio Báez, exiliado en Estados Unidos desde 2019, advirtió este domingo sobre las implicaciones de la codicia y la ambición de poder en los regímenes totalitarios. Durante una homilía en una iglesia en Estados Unidos, Báez señaló que estas conductas se transforman en mecanismos de corrupción y violencia, criticando la forma en que los recursos de un país pueden convertirse en patrimonio de grupos reducidos.
Según el jerarca católico, la codicia, cuando se adueña del corazón, vuelve a las personas egoístas e insensibles, capaces de recurrir a la violencia para conservar y aumentar sus bienes. Esta conducta, explicó, se vincula al ejercicio del poder en sistemas sin controles institucionales, donde la acumulación de riquezas y la concentración de atribuciones políticas forman parte de una misma dinámica.

Báez denunció que, en los poderes totalitarios, la codicia se convierte en una política de Estado que se manifiesta a través de múltiples formas de corrupción. Entre estas prácticas, enumeró la confiscación de bienes, la complicidad con el narcotráfico y el lavado de dinero, así como la entrega discrecional de concesiones mineras. También criticó el uso de los recursos naturales y fondos públicos en beneficio de sectores cercanos al poder, utilizando la parábola bíblica de los viñadores para ilustrar cómo “convierten la viña de todo un pueblo en finca de unos cuantos”.
El obispo también abordó la ambición de poder, señalando que, cuando esta domina a las personas, surgen tiranos que no aceptan límites a su autoridad y convierten sus “oscuros y desquiciados caprichos” en ley. Desde su exilio en 2019, por orden del papa Francisco debido a razones de seguridad, Báez ha sido un crítico del régimen sandinista de Nicaragua, denunciando la persecución de opositores, miembros de la Iglesia católica y organizaciones civiles.

Estas declaraciones se producen después de que la Asamblea Nacional nicaragüense, controlada por el sandinismo, aprobara el 1 de septiembre, en primera lectura, una reforma constitucional. Esta iniciativa busca impedir que quienes el Estado considere “traidores a la patria” compitan en elecciones. La reforma, que aún requiere una segunda aprobación legislativa, también contempla extender los mandatos de los cargos de elección popular de seis a siete años. Daniel Ortega, de 80 años, ha acumulado 30 años en el poder, incluyendo su rol en la Junta de Gobierno entre 1979 y 1985, su presidencia de 1985 a 1990, y su retorno a la presidencia en 2007.

Fuente: Infobae
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