Cuba | Las exportaciones de Estados Unidos a la isla caribeña han alcanzado un récord histórico de 876 millones de dólares en los primeros ocho meses de este año, con un pico mensual de 202 millones de dólares en agosto, según datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos. Este incremento se produce en un contexto de endurecimiento de las sanciones económicas impuestas por Washington, que han llevado a Estados Unidos a convertirse en el principal proveedor de Cuba.
El gobierno de Donald Trump ha intensificado las restricciones sobre los suministros de petróleo no estadounidenses, inversores extranjeros y figuras clave del gobierno cubano, con el objetivo de forzar un cambio en el liderazgo y el sistema económico de la isla. A pesar de estas presiones, la alta jerarquía política cubana ha mantenido su liderazgo, aunque se han implementado cambios económicos significativos. En junio, el gobierno cubano anunció 176 medidas de liberalización que afectan a sectores como la energía, la agricultura y el comercio exterior, buscando facilitar el desarrollo del sector privado y la inversión extranjera directa.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, ha atribuido los problemas de la isla, como la escasez de productos básicos, apagones y falta de medicamentos, al embargo económico de Estados Unidos y a las sanciones. La dependencia de Cuba de las exportaciones estadounidenses ha crecido debido a la limitada producción interna y al aumento del aislamiento comercial.
Los combustibles representan la mayor parte de las exportaciones estadounidenses a Cuba, constituyendo más de un tercio del total en agosto. Los envíos de combustible aumentaron un 210% entre enero y agosto de este año. Le siguen en importancia las donaciones humanitarias de alimentos y medicinas, clasificadas como "clasificación especial". Las carnes y los vehículos ocupan el tercer y cuarto lugar, respectivamente, seguidos por productos lácteos y maquinaria eléctrica.

Aunque el embargo comercial de más de 60 años sigue vigente, Estados Unidos permite la exportación de ciertos productos a través de licencias y excepciones, con el fin de fomentar el comercio con el sector privado cubano. Sin embargo, la fiscalización de que el combustible se mantenga exclusivamente en manos privadas es compleja, dado que la infraestructura de almacenamiento y distribución pertenece al Estado, según Jorge Piñón, investigador del Instituto de Energía de la Universidad de Texas en Austin.
En julio, Estados Unidos exportó 3.2 millones de barriles de productos petrolíferos a Cuba, el mayor volumen mensual registrado por la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA). Ricardo Torres, profesor de la American University, señala que este aumento en las exportaciones genera una dependencia comercial que favorece los intereses de Washington, otorgándole mayor influencia sobre Cuba.

Un portavoz del Departamento de Estado ha indicado que la política estadounidense busca combatir la evasión de sanciones por parte del gobierno cubano y ha propiciado una mayor privatización de la economía cubana. Afirmó que los emprendedores privados cubanos importan y venden combustible a otros actores privados, organizaciones no gubernamentales humanitarias y misiones diplomáticas, lo que ha puesto fin al monopolio del régimen sobre el combustible. No obstante, reconoció la posibilidad de desvíos hacia entidades vinculadas al régimen.
La estrategia de fortalecer la relación con el sector privado cubano ha ganado tracción, mientras que la retórica de una posible intervención militar ha disminuido. A pesar de la apertura para las exportaciones autorizadas, Washington ha prohibido a los bancos en Estados Unidos abrir o mantener cuentas para emprendedores privados cubanos y ha ampliado las restricciones a ciertas transacciones bancarias. Díaz-Canel ha calificado estas medidas como "acciones contra el sector privado cubano" que buscan "provocar el máximo sufrimiento" y limitar las transformaciones económicas.

Pascal Fletcher, analista de América Latina de BBC Monitoring, sugiere que el aumento de las exportaciones estadounidenses en medio de las sanciones podría ser parte de una estrategia para presionar a la isla sin asfixiarla por completo, con la esperanza de generar descontento y reformas. También se ha interpretado como un intento de Washington de crear una dependencia económica de Cuba hacia Estados Unidos y abrir oportunidades de negocio para empresas estadounidenses, lo que podría sentar las bases para un acuerdo estratégico de alto nivel.



Fuente: BBC Mundo
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