México | Un estudio reciente revela que los vínculos familiares están presentes en el 61.11% de los relevos de poder dentro de las principales organizaciones criminales de México. Este hallazgo, parte de una investigación del académico Víctor Manuel Sánchez Valdés, sugiere que el parentesco puede ser una ventaja significativa para mantener el liderazgo, acceder a recursos económicos y conservar conexiones dentro de las estructuras delictivas.
Sánchez Valdés, investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila, analizó 72 sucesiones en 30 grupos criminales. Su artículo, "Dinastías criminales: la familia en los cárteles mexicanos", publicado el 22 de octubre de 2026 en la revista Nexos, documenta que 44 de los 72 relevos examinados involucraron a una persona emparentada con el líder anterior o con algún liderazgo previo de la organización.

El análisis desafía la idea de que la sucesión en el crimen organizado depende únicamente de la experiencia o la capacidad operativa. Según Sánchez Valdés, el parentesco puede ofrecer ventajas cruciales en la disputa por el mando, especialmente si los familiares del dirigente tienen conexiones internas y acceso a los recursos acumulados por sus predecesores.
La investigación identificó 13 organizaciones que han mantenido el liderazgo dentro de una misma familia. Entre ellas se encuentran el Cártel de Tijuana (Arellano Félix), el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) con los clanes Valencia y Oseguera, y las facciones del Cártel de Sinaloa vinculadas a las familias Guzmán y Zambada. Otros grupos mencionados son el Cártel de Santa Rosa de Lima (familia Yépez), Los Viagras (Sierra), el Cártel de Caborca (Caro) y el Cártel de Tláhuac (Pérez), además de organizaciones ya desaparecidas como los cárteles de Colima y Oaxaca, y la organización de La Barbie.

La continuidad familiar puede extenderse por periodos prolongados. Un ejemplo es el clan Guerra-García, que lideró el Cártel del Golfo durante 66 años, desde 1930 con Juan Nepomuceno Guerra hasta el arresto de su sobrino Juan García Ábrego en 1996. Los Arellano Félix han encabezado el Cártel de Tijuana desde 1987, con cinco integrantes del clan sucediéndose en el liderazgo. En el Cártel de Sinaloa, los descendientes de los fundadores Guzmán y Zambada quedaron al frente de grupos enfrentados tras la intensificación de su disputa en 2024.
Sánchez Valdés propone cuatro factores que explican la influencia de los vínculos familiares en los procesos sucesorios. Primero, el origen de algunas organizaciones como clanes familiares. Segundo, la capacidad de los familiares para construir redes de contactos y ascender a puestos estratégicos. Tercero, el acceso a información interna de la organización debido a la cercanía con el dirigente. Finalmente, el peso de los recursos económicos acumulados por los líderes, que pueden ser utilizados por sus familiares para respaldar sus posiciones.

Un caso ilustrativo es la sucesión en el CJNG tras la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, en febrero de 2026. A pesar de otros posibles sucesores con experiencia operativa, Juan Carlos Valencia González, hijastro de Oseguera, asumió el liderazgo. Valencia González es hijo de Armando Valencia Cornelio, fundador del Cártel del Milenio, y sobrino de los hermanos González Valencia (Los Cuinis), vinculados a la estructura financiera del grupo. También tiene conexiones familiares con responsables de zonas estratégicas, como Julio Alberto Castillo Rodríguez, su cuñado, relacionado con la operación del puerto de Manzanillo.
La investigación de Sánchez Valdés se basa en 72 sucesiones identificadas mediante fuentes periodísticas y no es un registro exhaustivo de todos los relevos de poder en México. El estudio concluye que el parentesco no es el único factor determinante, pero aumenta las posibilidades de un aspirante cuando se combina con conexiones, información y recursos, lo que permite a ciertas familias mantener su influencia en las estructuras delictivas.


Fuente: Infobae
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