Desde hace tres meses, Larry Fink afirmó que el «péndulo fue demasiado lejos» y marca un giro en el discurso sobre ESG, acrónimo en inglés de Environmental, Social and Governance (Ambiental, Social y Gobernanza). y diversidad.
Cuando grupos económicos financian cambios forzados en las culturas del mundo, simplemente financiando grupos de interés, es una muestra de que lo que venías pensando y apoyando podría no tener un análisis ni un criterio propio de cada ciudadano, sino que, por la fuerza del servilismo económico, puede llegar a golpear la autodefinición como pueblo de las naciones del mundo.
¿Qué otras ideologías estarán impulsando para inducir a la aplicación de vacunas experimentales o para reducir la población mundial? O, simplemente, ¿el «no tendrás nada y serás feliz», tanto desde la izquierda como desde la derecha, es impulsado por estos mismos financistas?
Las recientes declaraciones de Larry Fink, director ejecutivo de BlackRock, han reavivado el debate sobre el rumbo de las políticas corporativas relacionadas con criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG), así como los programas de diversidad, equidad e inclusión (DEI), después de que reconociera que el enfoque predominante hace algunos años «fue demasiado lejos» y que actualmente mantiene una posición más pragmática.
Durante una entrevista con el periodista Bret Baier, Fink respondió a una pregunta sobre si la denominada «era woke» y las iniciativas ESG y DEI habían representado un «experimento fallido». En su respuesta no utilizó esa expresión, pero señaló que «el péndulo» se desplazó en exceso hace aproximadamente cinco años y sostuvo que el contexto actual ha llevado a una visión más pragmática tanto en el ámbito empresarial como en su propia postura.
Las declaraciones fueron ampliamente difundidas en redes sociales, donde numerosas publicaciones atribuyeron a Fink la frase «la agenda woke fue un experimento fallido». Sin embargo, la revisión de la entrevista completa muestra que dicha expresión fue formulada por el entrevistador y no por el director ejecutivo de BlackRock.
El cambio de tono representa una diferencia respecto a la posición pública que Fink sostuvo durante la última década. En sus cartas anuales dirigidas a los directores ejecutivos de las principales empresas del mundo, promovió la incorporación de factores ESG en la gestión corporativa y defendió que las compañías debían considerar el impacto de sus decisiones sobre empleados, clientes, comunidades e inversionistas como parte de la creación de valor a largo plazo.
En 2017, durante un foro empresarial, Fink afirmó que las compañías debían «forzar comportamientos» en materia de diversidad e inclusión, una declaración que posteriormente fue utilizada por críticos de las políticas ESG para cuestionar el papel de las grandes gestoras de activos en la promoción de cambios corporativos.
Posteriormente, BlackRock insistió en que sus estrategias de inversión respondían a criterios financieros y no a una agenda ideológica. En distintas comunicaciones públicas, la firma sostuvo que el análisis de riesgos climáticos y de gobernanza constituía una herramienta para proteger el rendimiento de las inversiones y administrar adecuadamente los activos de sus clientes.
En los últimos años, la presión política y regulatoria sobre las políticas ESG aumentó de manera significativa, especialmente en Estados Unidos. Diversos estados limitaron o retiraron inversiones administradas por entidades que promovían este tipo de criterios, mientras sectores empresariales redujeron la visibilidad pública de sus programas de diversidad e inclusión en respuesta a cambios en el entorno político y jurídico.
En la entrevista, Fink también reiteró que BlackRock administra recursos pertenecientes a clientes con posiciones políticas diversas y que la responsabilidad de la empresa consiste en obtener los mejores resultados financieros posibles dentro del mandato otorgado por cada inversionista.
Las declaraciones se producen en un contexto de revisión de las estrategias corporativas relacionadas con ESG y DEI por parte de múltiples compañías internacionales, que han ajustado su comunicación y prioridades conforme evolucionan las condiciones regulatorias, económicas y políticas en los principales mercados.
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