Miniserie basada en obra de Mariana Enriquez implicó un complejo proceso de producción binacional

Argentina | La miniserie “Mis muertos tristes”, dirigida por Pablo Larraín y basada en el universo literario de Mariana Enriquez, requirió un proceso de producción extenso que incluyó 57 jornadas de rodaje y un equipo de 176 personas. La serie, que se encuentra disponible en Netflix, narra una historia donde los muertos irrumpen en la vida cotidiana de un barrio afectado por la violencia.

El rodaje generó aproximadamente 570 horas de material audiovisual. El barrio Piedrabuena, en la Ciudad de Buenos Aires, un conjunto habitacional construido entre 1957 y 1980, fue seleccionado como escenario para la producción. Rodrigo Bazaes, diseñador de producción, describió el lugar como “el escenario perfecto para este choque entre dos barrios, entre dos clases distintas y en una Argentina que ha ido mutando justamente en ese vínculo entre clases”, con el fin de mantener la atmósfera de los relatos de Enriquez, combinando lo cotidiano con una dimensión inquietante.

Piedrabuena, en la Ciudad de Buenos Aires, fue uno de los escenarios centrales de la producción. (Netflix)

La construcción física de los personajes representó uno de los desafíos técnicos. Luz Jiménez, quien interpreta a Susana, pasó hasta cuatro horas diarias en maquillaje para algunas escenas. Para Carolina Alvarez, la actriz que da vida a Julie, las jornadas de caracterización se extendieron entre cuatro y seis horas, dependiendo del grado de descomposición requerido por cada secuencia, buscando mantener la continuidad visual del personaje a lo largo del rodaje.

Las escenas submarinas demandaron la creación de una estructura especial, desarrollada en tres etapas y en dos países. La base de la torre, diseñada por Bazaes, se construyó en Piedrabuena, Argentina. Posteriormente, el tanque se erigió en una explanada industrial en Colina, Santiago de Chile. La etapa final consistió en desarrollar el interior del tanque en Estudios del Río, también en Santiago. Este tanque, identificado por la producción como el más grande de Sudamérica para grabaciones submarinas, cuenta con 8 metros de diámetro y 4,5 metros de profundidad. Su llenado requirió más de 14 camiones cisterna y un sistema de calefacción para garantizar la seguridad durante el trabajo. Las filmaciones contaron con buzos especializados en apnea, capaces de permanecer bajo el agua a más de 3 metros de profundidad por períodos prolongados.

Mercedes Morán interpreta a Ema, una médica jubilada que puede ver a los muertos. (Netflix)

Alvarez recibió entrenamiento específico para las secuencias sumergidas y para sostener la respiración bajo exigencia física. Para las escenas de Julie, se registraron tres "dummies" hiperrealistas además de la actriz, y estos materiales se integraron en la posproducción. La creación de estos modelos implicó una operación en tres países: el cuerpo de Alvarez fue escaneado en Argentina, las piezas se fabricaron en España por el equipo de Tristán Versluis, y el ensamblaje final se completó en Chile, lo que requirió permisos aduaneros especiales. Larraín dirigió estas secuencias en tiempo real utilizando un sistema de comunicación diseñado para operar bajo el agua. La banda sonora de la miniserie contó con la colaboración de John Warhurst, Miguel Hormazábal, Filmo Estudios, los hermanos Mauricio y Francisco Durán de Los Bunkers, y Juan Pablo Abalo, entre otros.

Luz Jiménez, intérprete de Susana, pasó hasta cuatro horas en maquillaje para algunas secuencias. (Netflix)
Carolina Alvarez realizó entrenamiento físico y de apnea para filmar las escenas bajo el agua. (Netflix)
La producción utilizó dummies hiperrealistas de Julie para combinar efectos prácticos y posproducción. (Netflix)

Fuente: Infobae

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