Costa Rica | El cambio climático está afectando significativamente el cultivo de café en Costa Rica, debido a variaciones en los patrones de lluvia y temperatura que son cruciales para los cafetales. Las plantaciones ubicadas a menor altitud son las más vulnerables, según datos del Instituto del Café y estudios del Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (Catie).
El cafeto requiere una estación seca bien definida seguida de un período de lluvias para un desarrollo óptimo. Sin embargo, la irregularidad de las precipitaciones y temperaturas superiores a 25 °C pueden obstaculizar la floración, el desarrollo de los granos y el proceso de secado al sol. Estas condiciones también pueden alterar los ciclos de cosecha, incrementar los costos de producción y favorecer la aparición de plagas y enfermedades, afectando especialmente a variedades tradicionales como Caturra y Catuaí, que son más susceptibles a problemas como la roya.

Aunque las siete regiones cafetaleras de Costa Rica están expuestas a la variabilidad climática, los cultivos por debajo de los 1.000 metros sobre el nivel del mar sufren impactos más intensos. Investigaciones del Catie han documentado consecuencias negativas en áreas como Turrialba, la vertiente Atlántica y Naranjo. El Instituto del Café también ha identificado al Valle Central Occidental, entre Alajuela y San Ramón, como una zona de alta vulnerabilidad debido a su clima más seco y la llegada tardía de las lluvias, incluso durante los fenómenos de El Niño o La Niña. En contraste, Pérez Zeledón y Coto Brus enfrentan el problema del exceso de precipitaciones, mientras que la región de Los Santos, aunque experimenta cambios en sus patrones habituales, mantiene condiciones climáticas más estables.

Josué Navarro, caficultor de Dota, explicó que las lluvias en su zona han disminuido, pero se presentan con mayor intensidad. Anteriormente, los períodos de cosecha eran más definidos; ahora, flores y granos maduros pueden coexistir en la misma plantación durante todo el año, complicando la recolección debido a la maduración no uniforme de los frutos.
Christian Chinchilla, gerente general de Coopedota, señaló que la cooperativa ha enfrentado años de precipitaciones excesivas y, este año, la región de Los Santos registró menos lluvia. La recolección solía coincidir con veranos secos, pero esta sincronización es cada vez menos frecuente, lo que dificulta la cosecha y el secado posterior. Las altas temperaturas, por encima de 25 °C, también limitan la floración y afectan la formación de los granos, que pueden reducir su tamaño o no desarrollarse completamente.

Las variaciones climáticas impactan tanto el volumen como la calidad de la producción. La respuesta de cada finca depende de factores como la altitud, la cantidad de lluvia, la temperatura y el estado de los suelos. Para hacer frente a estos desafíos, el Instituto del Café comenzó en 2025 la distribución de semillas de la variedad Costa Rica 95, con el objetivo de llegar a 5.000 productores en tres años. Esta variedad está diseñada para tolerar temperaturas más altas, desarrollar raíces más profundas y recuperarse más rápido de condiciones adversas, buscando mantener la productividad y calidad del grano. Este programa de renovación genética, que incorpora materiales de Etiopía, será gradual y cada productor deberá reemplazar sus cafetos por etapas.
Elias de Melo, coordinador de la Maestría en Caficultura Sostenible y Regenerativa del Catie, enfatiza la importancia de reestructurar la actividad cafetalera para asegurar la continuidad de las explotaciones, advirtiendo que los productores aislados corren un alto riesgo de desaparecer. De Melo recomienda el manejo del microclima para controlar la humedad y la temperatura en los cafetales, utilizando árboles de sombra en verano y reduciendo la cobertura en la temporada de lluvias. Otras medidas incluyen la poda inteligente, el microrriego, la cobertura del suelo y la recuperación de terrenos. También sugiere el uso de insumos biológicos en lugar de productos químicos.

La transformación de las fincas requiere inversiones y una aplicación gradual. Estudios de largo plazo con participación de la Universidad de Costa Rica y la Universidad Earth han mostrado resultados positivos en propiedades de referencia. Josué Navarro, por su parte, ha implementado sensores con inteligencia artificial en su finca para monitorear las condiciones del suelo y ajustar la fertilización según las necesidades detectadas.

Fuente: Infobae
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