República Democrática del Congo | La huida de miles de desplazados de un campamento afectado por el ébola en la provincia de Ituri, en el este de la República Democrática del Congo, ha generado una gran preocupación ante la posibilidad de una propagación descontrolada de la enfermedad. El incidente se produjo después de que soldados ingresaran al campamento de Kigonze en busca de armas, lo que derivó en enfrentamientos y la consecuente estampida de los residentes.
El campamento, que albergaba a aproximadamente 19.000 desplazados, se encuentra ahora abandonado, según informó Julien Harneis, coordinador principal de la ONU para el ébola. De los ocupantes, se estima que alrededor de 1.000 personas habían tenido contacto con el virus, y solo una quinta parte de ellas ha sido localizada hasta el momento, lo que complica los esfuerzos de contención.

La situación se agrava con el incendio de un centro de tránsito para el ébola, destinado al aislamiento, pruebas y tratamiento de casos sospechosos. Este hecho subraya la gravedad del actual brote en el país africano, que se ve exacerbado por problemas de seguridad en las regiones afectadas por la lucha armada y la vulnerabilidad de cientos de miles de personas.
El país combate su decimoséptimo brote de ébola, considerado el más letal hasta la fecha, con más de 8.000 casos registrados y cerca de 4.000 muertes. La crisis sanitaria también ha provocado actos de violencia contra el personal de salud y equipos de respuesta.
Un ejemplo de esta violencia es el ataque sufrido por Marie-Célestin Karondwa, funcionario del partido gobernante Unión para la Democracia y el Progreso Social (UDPS), en su casa en Butembo, un foco de ébola en la provincia de Kivu del Norte. Karondwa falleció en el hospital tras ser agredido y su casa incendiada, presuntamente por defender la respuesta gubernamental al ébola en un programa de radio. Según Jean-Baptiste Katsongo Lwatswa, vicepresidente federal de la UDPS en Butembo, sus llamados a obedecer las medidas de respuesta, como el distanciamiento social y el lavado de manos, habrían provocado la ira de algunos jóvenes.

La resistencia de algunos residentes a los esfuerzos por combatir el brote se debe a la desconfianza generalizada hacia el gobierno, arraigada en la percepción de un manejo deficiente de brotes anteriores y acusaciones de corrupción. Esta desconfianza se manifiesta en la negación de la existencia de la enfermedad por parte de algunos, lo que dificulta el trabajo de los equipos de respuesta, especialmente en comunidades remotas y focos emergentes con escasez de suministros y personal médico.
La situación es particularmente compleja en los territorios del este controlados por grupos rebeldes, donde décadas de conflicto y abusos contra los derechos humanos han generado una profunda desconfianza hacia las autoridades y los forasteros. Un residente de Butembo, Enoch Muhindo Balimatangi, describió el miedo y los sentimientos encontrados sobre el ébola entre los habitantes, con algunos creyendo en su existencia y otros negándola.

Un desafío adicional para controlar este brote es la ausencia de vacunas o tratamientos aprobados para el raro virus Bundibugyo, causante de esta variedad de la enfermedad. Actualmente se están llevando a cabo ensayos clínicos en la provincia de Ituri, epicentro del brote.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha alertado sobre la persistencia de desafíos en la detección temprana de casos y el acceso a una atención adecuada. La OMS también indicó que el brote sigue superando los esfuerzos de rastreo y contención, y podría superar al brote más mortífero registrado, el de África Occidental entre 2014 y 2016, que causó 11.000 muertes.

Fuente: La Nación Argentina
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