Ecuador | Estados Unidos ha desplegado drones MQ-9 Reaper en Sudamérica, específicamente en Colombia y Ecuador, como parte de una nueva estrategia para combatir el narcotráfico y el crimen organizado transnacional. Estos drones, conocidos por su capacidad de vigilancia prolongada y ataque, representan una ampliación de la presencia militar y de inteligencia de Washington en la región.
El ministro de Defensa de Ecuador, Gian Carlo Loffredo, confirmó la entrega y operación de dos Reaper en el espacio aéreo ecuatoriano. Este despliegue se enmarca en el denominado Escudo de las Américas, una coalición multinacional liderada por Estados Unidos. Colombia y Ecuador son considerados puntos centrales en esta nueva ofensiva antidrogas, especialmente porque en ambos países operan grupos designados como organizaciones terroristas por Estados Unidos.

Expertos como Mario Pazmiño Silva, coronel (r) del Ejército de Ecuador, y César Cedeño Monge, doctor en Asuntos Públicos e Internacionales, coinciden en que la principal ventaja inmediata de los Reaper radica en su capacidad de vigilancia e inteligencia. Estos drones pueden permanecer hasta 27 horas en el aire, utilizando sensores electroópticos y radares para localizar y seguir objetivos, lo que permite un seguimiento detallado y prolongado de las organizaciones criminales, especialmente en la frontera entre Colombia y Ecuador. Esta capacidad facilita la recopilación de inteligencia para las fuerzas nacionales antes de ejecutar operaciones en terreno.
Cedeño Monge sugiere que las Islas Galápagos podrían ser un punto estratégico para operar estas aeronaves debido a su ubicación en las rutas logísticas del narcotráfico que conectan Ecuador y Colombia con Centroamérica. Esto ofrecería una capacidad de vigilancia más flexible y potencialmente menos costosa que el mantenimiento de buques militares en el Pacífico.

Aunque Pazmiño cree que el uso inicial de los Reaper se centrará en inteligencia y seguimiento, no descarta el uso futuro de sus capacidades ofensivas. Cedeño, por su parte, enfatiza que la capacidad letal es una característica inherente del sistema, permitiendo el uso de misiles AGM-114 Hellfire y otras municiones de precisión. En un escenario de interdicción marítima, un Reaper podría inmovilizar una embarcación sospechosa, por ejemplo, dañando sus sistemas de propulsión para reducir el riesgo de víctimas y facilitar la captura de los ocupantes, lo que también generaría inteligencia sobre las organizaciones criminales.
Un riesgo identificado por Cedeño es la posibilidad de errores en la identificación de objetivos, lo que podría generar crisis políticas y jurídicas para los gobiernos involucrados. Subraya la necesidad de mecanismos de supervisión y verificación de objetivos antes de autorizar acciones letales, especialmente en Ecuador, donde las capacidades de inteligencia podrían ser limitadas.

El general Francis Donovan, jefe del Comando Sur, había declarado a fines de septiembre que los ataques contra objetivos terrestres están "sobre la mesa" en la campaña contra los cárteles en América Latina. Pazmiño considera que la cooperación militar podría avanzar gradualmente hacia una participación más directa en operaciones terrestres, aunque con efectivos estadounidenses en la retaguardia para respaldar a las fuerzas nacionales, evitando riesgos políticos y jurídicos de una intervención directa.
Cedeño advierte que el alcance de la cooperación también dependerá de las leyes y decisiones políticas de cada país, recordando que en Ecuador una consulta popular rechazó la presencia permanente de bases militares extranjeras. Además, señala que la población espera resultados tangibles en la reducción de delitos como homicidios y secuestros, y la falta de estos podría generar problemas políticos para el gobierno.

Pazmiño también menciona el "efecto globo" y el "efecto cucaracha", indicando que la presión sobre las organizaciones criminales en ciertas áreas puede provocar su desplazamiento hacia otros territorios, como las zonas fronterizas de Ecuador, lo que podría generar una "metástasis delictiva".
El MQ-9 Reaper, diseñado por General Atomics, es un dron pilotado remotamente que puede alcanzar una altitud de hasta 15.000 metros y una autonomía de vuelo de hasta 27 horas. Mide 11 metros de largo, tiene una envergadura de 20 metros y puede transportar hasta 1.700 kilos de carga útil, incluyendo sensores y armamento. Su sistema incluye una estación de control terrestre y enlaces de comunicaciones por satélite, con un piloto y un operador de sensores y armas. Ha sido utilizado en operaciones en Afganistán, Irak y Siria, y se le atribuyen ataques contra figuras como Mohammed Emwazi ("John el Yihadista") y Qasem Soleimani.








Fuente: El Comercio Perú
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