Estados Unidos | Un incendio que se inició en Chicago la noche del 8 de octubre de 1871 y se extendió por más de 30 horas, hasta la madrugada del 10 de octubre, causó la muerte de aproximadamente 300 personas y dejó a unas 100.000 sin hogar. El siniestro, que comenzó en un granero de la calle DeKoven, propiedad de Patrick y Catherine O’Leary, devastó cerca de nueve kilómetros cuadrados de la ciudad y destruyó alrededor de 17.450 edificios.
La propagación del fuego se vio favorecida por una sequía prolongada que había dejado resecas las construcciones y aceras de madera, material predominante en la edificación de la ciudad. Además, fuertes vientos del suroeste empujaron las llamas de un barrio a otro, levantando brasas y fragmentos encendidos que generaron nuevos focos. La planta de tratamiento de agua de la ciudad también fue destruida, interrumpiendo el suministro y agravando la situación.

La causa exacta del incendio nunca fue confirmada. Aunque la versión más conocida atribuye el inicio a una vaca de los O’Leary que derribó una linterna, esta historia es considerada una leyenda. Otras hipótesis, como un ladrón de leche, un accidente durante una partida de cartas o una combustión accidental, tampoco han sido probadas de forma concluyente.
Las pérdidas materiales se estimaron en unos 200 millones de dólares de la época, equivalentes a más de cinco mil millones de dólares actuales. A pesar de la magnitud de la destrucción, Chicago inició una reconstrucción inmediata. Sectores como los corrales de ganado, aserraderos, vías ferroviarias y elevadores de grano, que no fueron afectados, permitieron mantener la actividad económica y el empleo. La reconstrucción transformó el centro de la ciudad, con nuevos edificios más altos y con estructuras de hierro, ladrillo y acero, buscando reducir los riesgos expuestos en el incendio de 1871.




Fuente: Infobae
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