Ucrania | La vida escolar en Kiev se ha transformado debido a los constantes bombardeos aéreos rusos, obligando a estudiantes y personal a refugiarse repetidamente durante el día. En la escuela primaria UMKA, ubicada en los suburbios de la capital, los niños están entrenados para correr rápidamente a los refugios al sonar la alerta, dejando atrás sus pertenencias en el patio.
Valentyna Kurinna, directora de la escuela UMKA, enfatizó la inmediatez de la respuesta: “¡Todos al refugio, rápido, rápido, rápido!”. La necesidad de estas medidas se hizo evidente recientemente cuando un dron se estrelló en el patio de juegos de la escuela, casi alcanzando a un abuelo que permanecía afuera. Imágenes de cámaras de seguridad mostraron al hombre huyendo segundos antes de que la explosión generara una gran bola de fuego. Otros videos de un aula vacía revelaron cómo la explosión rompió ventanas y esparció fragmentos de vidrio.

Anteriormente, Moscú solía atacar Kiev principalmente por la noche, pero ahora los ataques diurnos son frecuentes. Esta situación ha convertido la rutina de llevar a los niños a los refugios y sacarlos de ellos en una parte agotadora de la vida cotidiana. Durante una visita de AFP a la escuela, las alertas aéreas sonaron cinco veces en un solo día, entre las 7:30 y las 17:00.
En pocos minutos, los 130 alumnos de la escuela continúan sus clases bajo tierra. Yasya, Varvara y dos niñas llamadas Anya, amigas de 11 años, se reunieron alrededor de una mesa en el refugio. Varvara comentó sobre cómo se consuelan: “Podemos abrazarnos cuando las cosas dan miedo. También podemos consolarnos con palabras”. Las niñas explicaron las reglas en caso de alerta aérea: “Todas vamos juntas al refugio y permanecemos unas con otras”.

La directora Kurinna se esfuerza por mantener la calma entre los niños y el personal. “No tenemos derecho a demostrar que tenemos miedo. Debemos sonreír, abrazar a los niños y tranquilizarlos”, afirmó. Los docentes también gestionan la preocupación de los padres enviando actualizaciones a los chats grupales con mensajes como “¡estamos a salvo!” y fotos de los niños realizando tareas escolares bajo tierra.
La UMKA Grand School, una institución privada, es una excepción en Kiev. Según el ayuntamiento, solo el 40% de las escuelas en la capital tienen refugios con capacidad suficiente para todos los alumnos, y muchos de estos están mal equipados. Los padres han expresado quejas al organismo de supervisión educativa por las malas condiciones de los refugios, como la falta de agua potable o acceso a baños, a medida que las alertas se vuelven más prolongadas y frecuentes. La UMKA, gracias a financiación privada y un espacio subterráneo, pudo transformar rápidamente un área inicialmente destinada a una escuela de música en un refugio con cuatro entradas, varias salas y pupitres para todos.

En una sala separada del refugio, equipada con literas para las siestas, los niños más pequeños se sentaban en una alfombra mientras una maestra les leía un cuento. Kurinna lamentó: “Pasamos más tiempo en el refugio que en las aulas”. A pesar de la comodidad de sus refugios, la señal que anunciaba el fin de la alerta, después de dos horas bajo tierra, fue recibida con entusiasmo. Anya, Yasya y Varvara terminaron su clase de inglés y salieron corriendo para disfrutar de un recreo de 15 minutos bajo el sol de otoño. “¡Libertad!”, exclamó Anya en inglés, antes de unirse a sus compañeros que jugaban con un gran globo.
Fuente: Infobae
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