Argentina | En las islas del Paraná, en la zona de Las Garzas, Santa Fe, los “siñuelos” —novillos castrados que conocen los caminos— han sido cruciales para guiar a miles de vacas en la evacuación de hacienda debido a la crecida del río por el fenómeno de El Niño. Estos animales encabezan los movimientos del rodeo, facilitando el traslado a tierra firme a través de terrenos anegados, malezales y cursos de agua.
Víctor Masat, productor ganadero y veterinario de Las Garzas, explicó a La Nación que los “siñuelos” son indispensables para el trabajo en la isla, utilizándose también para tareas como juntar terneros para el destete o trasladar animales. Su función es vital cuando la hacienda debe cruzar ríos a nado, ya que avanzan por delante, conociendo el recorrido, y el resto de los animales los sigue.

La evacuación, que Masat describió como la más organizada y anticipada en sus 50 años, ha logrado trasladar más de 45.000 animales. Sin embargo, el proceso no ha estado exento de dificultades. Algunos productores tuvieron que arrear sus animales hasta 16 kilómetros, lo que provocó estrés y pérdida de estado en el ganado. Se estima que al menos un 10% de los terneros nacidos se perdieron durante estos traslados, debido a la dificultad de seguir a sus madres entre la vegetación espesa, como el aromo y el garabato, que ha proliferado tras años de sequía.
La falta de personal rural también ha complicado la situación, requiriendo cuadrillas extraordinarias para manejar la emergencia. Además, la evacuación no siempre puede hacerse en una sola tropa, obligando a avanzar por etapas. Una vez que el agua cubra los campos, los productores deberán regresar en canoas para buscar los animales rezagados, lo que implica más tiempo, personal y dinero.

El impacto más significativo podría sentirse en la próxima campaña, ya que la evacuación coincide con la época de servicio, cuando las vacas deben quedar preñadas. El cambio de ambiente, los largos recorridos y el estrés amenazan con reducir los índices reproductivos. Masat proyecta una caída de al menos 20 puntos porcentuales en la preñez, pasando del 60-65% habitual a cerca del 40%, lo que se traduciría en un 20% menos de terneros nacidos el próximo año.
La situación es particularmente difícil para los pequeños productores, que a menudo carecen de campos propios o recursos para alquilar fuera de las islas. Algunos han encontrado refugio para sus animales en Chaco o Santiago del Estero, mientras que otros han improvisado cercos en las banquinas de rutas. La duración de la crecida es otra preocupación, con estimaciones de que el agua podría permanecer en la zona por varios meses, impidiendo el regreso a las islas hasta julio o agosto del próximo año, y con una recuperación lenta de los campos.

Fuente: La Nación Argentina
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