España | Un tren mixto que transportaba soldados y ganado se precipitó al río Alcudia la madrugada del 27 de abril de 1884, tras el derrumbe del puente que atravesaba el cauce. El siniestro, que dejó un saldo de 59 muertos y 56 heridos, fue durante décadas el mayor desastre en la historia ferroviaria del país.
El convoy, identificado como el tren mixto 51, procedía de la estación Chillón y se dirigía a Almadenejos-Almadén. Transportaba soldados recién licenciados de los Regimientos de Castilla y de Badajoz, junto con vagones cargados de ovejas. Al llegar al kilómetro 279 de la línea ferroviaria, el tren descarriló sobre el puente, provocando la caída al río de la locomotora, cuatro vagones de ganado y siete de pasajeros.
El puente de Alcudia, inaugurado en 1864 como parte de la línea Badajoz-Madrid, tenía 90 metros de largo y estaba construido sobre pilotes de madera con una estructura de puente jaula. Aunque se consideraba seguro, las intensas lluvias de los días previos al accidente habían elevado el nivel del río, lo que causó que los vagones se sumergieran casi por completo.

La recuperación de los cuerpos fue complicada; cinco días después del suceso se habían rescatado 50 cadáveres, y se presumía que muchos otros habían sido arrastrados por la corriente. La cifra final de víctimas mortales incluyó 57 soldados y dos civiles. Los 56 heridos fueron trasladados al Hospital de Almadén.
La prensa de la época, como La Ilustración Española y Americana, calificó la catástrofe como la mayor ocurrida en las líneas férreas españolas. La rápida intervención de vecinos de localidades cercanas, como Eduardo Hervás de Almadén, fue crucial para rescatar a numerosas víctimas.
Las causas del derrumbe del puente nunca se establecieron con certeza. Inicialmente, circularon versiones sobre un posible atentado anarquista, con rumores de sabotaje en los rieles o explosiones en los pilares. Otra hipótesis sugería que el accidente, ocurrido en la madrugada de una jornada electoral, fue provocado para influir en los votantes. Medios como La Época asociaron el suceso con otros incidentes ferroviarios recientes.

Algunos medios también mencionaron la posibilidad de un accidente debido a la falta de mantenimiento o negligencia de la compañía ferroviaria, señalando que el tren podría haber excedido la velocidad permitida de 20 kilómetros por hora, o que el telégrafo no funcionaba y la locomotora carecía de luces.
La investigación judicial, que se inició en junio de 1885 en la Audiencia de Ciudad Real, procesó al maquinista y al conductor del tren por exceso de velocidad, y al encargado de la garita por ausencia en su puesto. También se imputó a la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante. Sin embargo, el juicio concluyó con la absolución de los tres empleados y de la compañía, cerrando la investigación sin encontrar responsables. Los daños materiales se estimaron en 250.000 pesetas de la época.


Fuente: Infobae
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