Rusia | Olvin David Banegas, un ciudadano hondureño, relató cómo él y un grupo de compatriotas fueron engañados con una oferta de trabajo en construcción en Rusia, que finalmente los llevó a realizar trámites relacionados con el ejército ruso. Banegas y otros seis hondureños salieron de Honduras el 23 de abril, con escalas en Panamá, Bogotá, París y Estambul, antes de llegar a Moscú.
Durante el viaje, una mujer identificada como Alexandra, con acento colombiano, coordinaba los desplazamientos y enviaba instrucciones sobre los vuelos y lo que debían decir en los controles migratorios. La instrucción era presentarse como turistas de vacaciones. Al llegar a Moscú, otro hombre los recibió y los trasladó a un edificio de gran altura con controles de acceso.
En el alojamiento, Banegas y sus compañeros fueron advertidos por ciudadanos peruanos, entre ellos un hombre llamado don Esteban, George y Pepe, de que les quitarían los pasaportes y sus teléfonos serían inutilizados, tal como les había ocurrido a ellos. Esta advertencia generó sospechas en el grupo sobre el verdadero propósito de su viaje.

Aproximadamente una semana y media después de su llegada, fueron llevados a una notaría para trámites de residencia y luego a un banco para abrir cuentas y obtener tarjetas SIM rusas, todo bajo estricto control. Banegas observó un movimiento de 30.000 dólares en una cuenta bancaria, el monto prometido por la firma de un contrato, pero no pudo disponer de esos recursos. Se les indicó que la documentación facilitaría una eventual incorporación al ejército, algo que no habían contemplado en la oferta laboral inicial.
Las condiciones de su estadía incluían dormir en camas tipo catre en barracas de estilo militar, con alimentación limitada. La vigilancia era constante, y cualquier intento de usar el teléfono para grabar era reprimido. La situación se volvió crítica cuando les comunicaron que el ejército ruso los recogería al día siguiente para trasladarlos a una base militar.

Ante esta noticia, cuatro de los siete hondureños, incluyendo a Banegas y su hermano, decidieron escapar. Durante la madrugada, saltaron desde el segundo nivel del edificio, cayendo sobre hielo. Caminaron sin ropa adecuada para el frío, y uno de ellos estuvo a punto de morir por las bajas temperaturas, siendo auxiliado por sus compañeros que lo abrazaron para darle calor y buscaron refugio en una estación de subterráneo. Dos de los hondureños, Óscar Armando Arguijo y José Sánchez, decidieron quedarse debido a su avanzada edad, y uno de ellos les ofreció dinero al despedirse.
Banegas describió la experiencia como una mentira y una situación de la que tuvieron que escapar para evitar un destino que nunca habían aceptado al salir de Honduras.



Fuente: Infobae
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