Mundo | La Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre Ucrania, establecida por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, ha determinado que Rusia cometió crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad al atacar deliberadamente la infraestructura energética de Ucrania. Estos ataques dejaron a millones de civiles sin calefacción, electricidad, agua y gas durante el invierno de 2025-2026, con temperaturas que en algunas zonas descendieron hasta los -21 °C.
La comisión examinó las ofensivas rusas contra el sistema energético desde el otoño de 2022 y sus efectos acumulados. Para su informe, se recopilaron testimonios de 255 personas que vivieron el invierno en nueve ciudades ucranianas: Dnipró, Kiev, Járkov, Jersón, Mikolaiv, Odesa, Poltava, Zaporiyia y Zhytomyr. También se utilizó información de autoridades ucranianas, médicos y organizaciones civiles.

Según el organismo, los mandos rusos eran conscientes de que las centrales de calefacción y otras instalaciones afectadas eran esenciales para la población de las grandes ciudades. Además, las autoridades rusas realizaron declaraciones públicas sobre nuevos ataques y planes para continuarlos. Por estas razones, las ofensivas fueron calificadas como crímenes de guerra por dirigirse contra bienes civiles y como crímenes de lesa humanidad por causar sufrimiento mediante la privación de servicios esenciales.
Las consecuencias de estos ataques afectaron de manera más severa a personas mayores, con movilidad reducida y pacientes dependientes de dispositivos médicos. Residentes de Kiev describieron situaciones de frío, hambre y falta de medicinas. Un hombre de 53 años en la capital relató el miedo a morir de frío mientras dormía. Los cierres de escuelas también interrumpieron la educación de los niños durante las crisis energéticas.

Rusia ha rechazado las conclusiones del informe, afirmando que no reconoce el mandato de la comisión y que el informe se basó en “datos falsificados”. Moscú sostiene que sus fuerzas atacaron únicamente objetivos militares o instalaciones vinculadas a las Fuerzas Armadas ucranianas.
El informe también abordó ataques ucranianos contra instalaciones energéticas en Rusia y en zonas ocupadas de Ucrania. Sin embargo, la comisión no pudo avanzar en el examen de sus consecuencias debido a que las autoridades rusas no permitieron el acceso solicitado ni respondieron a los pedidos de información.
Adicionalmente, la investigación reveló que Rusia reclutó mediante engaño o coerción a hombres de 29 países para combatir en Ucrania. Se analizaron casos de ciudadanos de 48 naciones, encontrando evidencia de captaciones en países como Azerbaiyán, Bangladés, Bolivia, Brasil, Colombia, República Dominicana, India, Kenia, Marruecos, Perú, Filipinas, Sudáfrica, Sri Lanka, Turquía y Uzbekistán, entre otros. Estos hombres, de entre 18 y 60 años, provenían en su mayoría de sectores vulnerables. Agentes se presentaban como empresas legítimas respaldadas por el gobierno ruso, tramitaban visados y documentos, y en algunos casos, acompañaban a los grupos hasta Rusia. Una vez allí, eran obligados a firmar contratos con el Ministerio de Defensa redactados en ruso, sin opción de negarse. Muchos fueron enviados al frente, donde algunos murieron, desaparecieron, se rindieron o fueron capturados. La comisión ha solicitado que Rusia los dé de baja de sus fuerzas armadas.

En otro contexto, se reportó una tregua local en Oleshky, una ciudad ocupada por Rusia en la región de Jersón, para permitir una operación humanitaria debido a la escasez de comida y medicamentos. El Ministerio de Defensa ruso confirmó la suspensión de los disparos, y el comisionado ucraniano de Derechos Humanos, Dmytro Lubinets, afirmó que Kiev cumplía el acuerdo. Oleshky, que antes de la invasión tenía cerca de 24.000 habitantes, ahora alberga a unas 2.000 personas, incluyendo hasta 50 niños. La tregua preveía que funcionarios civiles identificaran las necesidades de los residentes y organizaran la evacuación de quienes desearan salir.
Paralelamente, el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, y el primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre, mantuvieron conversaciones telefónicas con Vladimir Putin y, posteriormente, con el presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, antes de las conversaciones técnicas que Rusia, Ucrania y Estados Unidos preparaban en Abu Dhabi. Stubb enfatizó que “poner fin a la guerra requiere conversaciones directas”, mientras Støre destacó “la importancia de la desescalada”.
Durante esa madrugada, Rusia lanzó 16 misiles balísticos y más de 280 drones contra 11 regiones ucranianas, según Zelensky. Un ataque en Kiev causó un muerto y 12 heridos en el predio de una universidad, y dos personas fallecieron en Járkov la noche anterior.
Fuente: Infobae
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